Cazó un corazón pequeño con una cucharilla de postre. Día a día, le iba inyectando dosis muy pequeñas de amor. Con aquella pequeña cantidad de droga, el corazoncito fue creciendo hasta que se hizo grande. Un día, Blanca se encontró con que no tenía más amor. Lo buscó sin mucho ahínco y pronto se rindió. Pero se quedó pendiente de qué le pasaba al corazón al que dio vida y que alimentó haciéndolo crecer.
El corazón no tardó en echar en falta su dosis diaria de amor. El primer día aguantó. El segundo se retorcía de necesidad y dolor. El tercero dejó de latir.
El corazón no tardó en echar en falta su dosis diaria de amor. El primer día aguantó. El segundo se retorcía de necesidad y dolor. El tercero dejó de latir.
Un par de semanas después, Blanca cogió su cucharilla de postre y se fue a cazar un nuevo corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario