Creo que os confundís.
Me explico.
Tiendo a tener un carácter amable en general. Risueño, activo, bromista, algo infantil... Muy lollipop. Cuando estoy a gusto, cuando me gusta la gente que me rodea y el ambiente es distendido, sale esa Helena dulzona que, aunque le cuesta dar muestras físicas de cariño, es tremendamente dulce.
El problema viene cuando la gente piensa que mi personalidad dulce es sinónimo de inmadurez, de no saber hacer las cosas, de ser una niña pequeña a la que hay que guiar por el buen camino para que no se pierda. Ese tipo de niña tonta que lo hace todo mal y que hay que decirle con palabras bonitas cómo hay que hacerlo absolutamente todo.
Y no.
La vida me ha dado los palos suficientes para saber cómo afrontarla. Me queda mucho por aprender, pero si no sabes de dónde vengo, cuántas veces he llorado, mis agujeros y mis cuestas, no me digas qué camino tengo que coger.
Sé perfectamente qué hago. Si no lo sé, pregunto. No soy la mejor profesional, pero he aprendido en grandes escuelas movido lo suficiente como para saber qué puedo hacer y qué no, para saber mis límites.
Y lo que no conozco, lo aprendo. Cojo las cosas rápido. Y aprendo, me encanta aprender. No soy una profesional en ciertos ámbitos, pero sé que quiero llegar a serlo y NADIE MEJOR QUE YO sé cuánto debo esforzarme y qué camino coger. Y si en un momento dado me equivoco, la hostia me la daré YO. Soy muy perfeccionista y voy a dar el 1000% de mi, no necesito a nadie que me diga que trabaje, porque sé cuánto tengo que trabajar y la vagueza no es uno de mis defectos.
Pero por otro lado, no me pidais que sea una esclava, porque tengo la mala costumbre de que me gusta tener vida.
No soy una niña pequeña. No tengo cinco años. Ni diez. Ni veinte, por muy cerca que estén aún. Tengo casi veinticuatro años y me gusta que me traten como tal.
Soy mucho más lista de lo que pensáis, me doy cuenta de todo y, aunque muchas veces me haga la tonta, no significa que lo sea. Veo, siento e intuyo mil cosas más de lo que pensáis. Y, sobre todo, he vivido mucho más de lo que creéis.
Así que, por favor, dejad de tratarme como una lerda, dejad de subestimarme.
Besis.
jueves, 26 de febrero de 2015
Lo que soy.
martes, 24 de febrero de 2015
Apuestas pequeñas.
Holi.
Cuando lo apuestas todo a un sólo número (y no porque sepas o intuyes que saldrá bien, sino porque QUIERES, DESEAS y ANHELAS que así sea) y lo pierdes todo, se te quitan las ganas de hacer grandes apuestas.
Ni siquiera lo piensas.
De hecho dejas de apostar.
Pasa el tiempo y empiezas a hacer pequeñas apuestas, en las que sabes que nadie gana.
Hay apuestas en las que los dos saben que van a perder. Hay apuestas que por uno son vistas como pequeñas y por oteo como la gran apuesta de su vida.
Hay tantos tipos de apuestas como de relaciones en el mundo. Las combinaciones son infinitas.
Y, desde que perdí mi gran apuesta... Después de haberme tomado todo mi tiempo de recuperación, todas mis apuestas han sido pequeñas. Apuestas de una noche, apuestas de dos meses, apuestas de un fieston y apuestas de menos de un mes.
Apuestas ridículas, calderilla, el dinero que me sobra.
Lo siento, apuestas, si me leeis y os reconocéis. Siempre intenté ser muy sincera.
Y en cambio ahora... No sé. Estoy tremendamente bien sin apostar, pero creo que empiezo a tener ahorros suficientes como para volver a sentirme preparada... Para apostar, de nuevo, a lo grande.
Tiempo al tiempo.
sábado, 14 de febrero de 2015
Segundas oportunidades.
Últimamente pienso mucho en las segundas oportunidades.
Pienso que desperdicio las segundas oportunidades que doy, que apuesto por personas que no lo merecen.
Hace ya algún tiempo, dejé de tener trato con un amigo, un buen amigo que llevaba años enamorado de mi. Lo hice por su bien, porque se había obsesionado hasta tal punto conmigo que dejó de ser él para ser una sombra de mis opiniones, acciones y apetencias.
Mal, muy mal.
(Y aquí hago un apunte. Me sabe fatal hablar tan directamente de esto, porque me hace parecer que me creo la reina del mambo, pero mira, este es mi espacio y hablo tan claro como quiero).
El caso es que poco tiempo después volvimos a hablar, él me agradeció lo que hice y me dijo que todo había cambiado. Y volvimos a tener la misma relación que habíamos tenido antes.
Y mierda pa mi. Llamadas de atención, problemas en bucle, soluciones sencillas que nunca elegía...
Opino que si alguien tiene un problema y la solución en la palma de su mano, si no soluciona el problema es porque no quiere, y yo no quiero tener a mi lado a nadie que no quiera solucionar sus problemas, por el simple hecho de que eso le da lugar a poder lamentarse y llamar la atención.
Pues nada. Primera segunda oportunidad a la mierda. A día de hoy no sé nada de esa persona. Le echo de menos, pero no a su actitud.
Hubo otro amigo que también la cagó. Se enamoró de mi (sí, también, no sé qué coño les doy a los chicos con los que no quiero nada). Y empezó a odiar al chico del que me enamoré, volvió la llamada de atención, el no resolver problemas, el quejarse por quejarse. Le dije que yo así no funcionaba, le di otra oportunidad y se la pasó por el forro. Así que dejé de tener trato con él. Volvimos al tiempo a tener contacto, y más de lo mismo. Ahora ha vuelto, de nuevo. Y, aunque hablamos de vez en cuando, no veo la posibilidad de otra oportunidad.
Y por último, el niño. Nos conocimos, hay mamoneo, vuelve con la novia, sigue el mamoneo, yo me canso, dejo de tener trato con ellos. Vuelve tres años después, sin novia, pero con la misma actitud, la misma forma de ser, cero evolución. Le doy la oportunidad. Se pilla por mi, a mi me entran las dudas. Finalmente es un no, y de nuevo el cansancio. No más. Pero una y otra vez lo mismo. No evolucionar, no hacer nada por dar un paso hacia delante, no seguir con la vida, más que seguir dando vueltas en un bucle infinito.
Y, claro, pensando estoy de nuevo en dar por "tirada a la basura" esta última segunda oportunidad.
Tiempo al tiempo, pero poco, porque estoy bastante cansadita.
martes, 10 de febrero de 2015
Amor.
No sé por qué te dije que jamás había sentido nada así.
Sí que lo había sentido antes.
Cada vez que te miraba sentía un rayo de luz que me zarandeaba como un auténtico terremoto.
Y, por esto, siento que hasta que no lleve dentro de mi lo que llevo gracias a estas mujeres, no volveré a decirle sí a nadie.
domingo, 8 de febrero de 2015
VIVE.
Esto es lo peor, el pelo que te queda después de la fiesta... No, lo peor es el bajón, es el bajonazo. ¿De verdad merece la pena tanto la fiesta? ¿Compensa entregarse a los placeres de la noche?
Y, ¿después que nos queda, eh? ¿La depresión post-party? La resaca, o como dicen los políticos: Dolores de post-pedal.
Y con la resaca viene la culpa, y con la culpa los orfidales, el "no salgo más de fiesta"; no, qué va...
Yo me he pegado muchas fiestas pero también he llegado a casa con temblores en el cuerpo, y en el alma. Pero la fiesta también es eso. La vida también es eso. HAY QUE ESTAR EN EL AGUJERO PARA SALIR DEL AGUJERO, hay que saber estar arriba, abajo, delante, detrás... Hay que transitarlo todo, todo, todo... Porque la vida es una fiesta, y al final hay que bebersela.
He sido hippie, he sido pija, he sido rica, he sido pobre, he llevado campana, he llevado pitillo... ¿Y qué? Pasé de ser grunge y no querer estar con nadie a tener twitter, myspace, fotolog y televisión por cable. De un salto de ir un día a abortar a Londres a la in-vitro y las reuniones del cole... Por lo de sentar la cabeza, por lo de vivir a mi aire, por lo de ahorrar por si acaso, por lo de ¡hasta que el cuerpo aguante! Me he corrido muchas juergas, y ahora mi mente sabe lo que quiere, mi cuerpo... Mi cuerpo tiene menos complejos y mi corazón escucha el más leve susurro del amor. ¡Te quiero, Cristóbal!
Hay que entrar en el agujero para salir del agujero, hay que vivirlo todo, cada minuto, cada segundo, ¡aunque duela! Para que cuando llegue el momento podáis decir que sí, que habéis vivido, que estuvisteis en el agujero, que estuvisteis aquí, que estuvisteis en The Hole. ¡Vive cada segundo!
¡Así que ya sabéis, no perdáis ni un minuto de vuestras vidas, ni uno! ¡Que para eso es vuestra!
¡Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, el pan de cada día, cometelo, y no dejes ni mijita, ni una sola!
¡Y grita, llora, ríe, patalea, tirate por el suelo, pero vive, vive, vive, vive, vive! ¡Y AAAAAAAAAAAAAAMEEEEEEEEEEEEEEN!
MC The Hole (La Terremoto de Alcorcón)
domingo, 1 de febrero de 2015
Erotismo
No. Esta entrada no va de erotismo en sí mismo.
Pero es que hoy, con alcohol en mis venas, hablando del mismo y poniéndome en situaciones imaginarias, me han puesto en una escena totalmente cómica...
Que me ha puesto tonta.
Y aquí estoy, pensando que cuando admiro a alguien en plan fuerte, dejo de tener relaciones sentimentales con nadie porque en el fondo me he enamorado de la forma más platónica del mundo. Tan platónica que ni yo mismo siento que deba llamarlo amor.
Y eso.