Día 7 de soledad.
Hoy estoy mejor. Anoche por fin conseguí dormir unas seis horas y estoy mucho más descansada. Esto ha hecho que hoy esté algo más optimista, tranquila y animada.
Aunque no te voy a negar que tu mensaje, así tan inesperado, no haya ayudado.
No sé bien en qué evolucionará esto. No sé qué pretendes realmente. Me explicas que no estás preparado, que no te ves pensando en nadie más que en ti, que te agobias, que voy a otro ritmo y camino de otra forma y que sabes que no eres lo que espero.
¿Cómo que no eres lo que espero? Dices que no lo eres, que creo que si pero que realmente no. No estás en mi cabeza para saber tan a ciencia cierta qué espero y qué no. Ni mucho menos como para asegurar que soy yo la que confunde mis sentimientos y no tu.
Quizás fue eso, junto con lo de que no estás preparado, lo que más me ha dolido.
El caso es que no sé cómo quieres que termine esto. Me dolería que me dijeras que me prefieres sólo como amiga, pero más me dolería acabar contigo como una absoluta desconocida.
Al contrario de lo que piensas, no dependo de ti. Tengo a mis amigos, mi familia y de momento sé respirar por mi misma. Pero me tienes totalmente enamorada y entregada a ti.
Definitivamente tenemos que hablar en persona pero... Tengo un poco de miedo de cómo será. Yo me he imaginado mil veces esa conversación, y siempre me he imaginado siendo dura, concisa, la chica dura que siempre he sido. Y hoy me he dado cuenta de que no podré, no me saldrá ser esa chica dura que pretendo...
Me puedes.
______________________________________________
Escuchando: Los hombres de Paco así de fondo.
Pensando: En que si tengo que elegir entre tenerte como amigo y no tenerte, prefiero tenerte como amigo... Pero yo lo que quiero es quererte. Y sería muy duro tener que dar un gran paso atrás cuando hemos dado seis pequeños pasos adelante.
Tiempo: No sé, es de noche.
Yo: Algo mejor.
Entre manos: La necesidad de volver al pasado y quedarme a vivir en nuestro primer beso. Sigo con eso.
lunes, 17 de diciembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
I'd be surprisingly good for you.
______________________________________________
Escuchando: Aída.
Pensando: En lo feliz que me hiciste anoche. En las ganas que tengo de verte. En que, a pesar de ser hoy, has conseguido que viva con una sonrisa.
Tiempo: Noche. Fría. Feliz.
Yo: Tengo frío, pero el corazón me late con una alegría y un calor que da gusto. Feliz. Y con unas ganas de abrazarte anormales.
Entre manos: Aída. Y cansancio.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Vuelvo. Pero sin compromiso.
He vuelto y me he traído a unos amigos, que podéis leer abajo. Pero hoy lo que me apetece es que escuchéis esto:
Escuchando: Solo te puedo decir, Quijano.
Pensando: en que me gustaría que sonara el móvil.
Tiempo: Frío. Y nublado.
Yo: Frío. Necesito calefacción en esta habitación ya.
Entre manos: Fotos, videobooks, videoclips, el blog, tu.
Escuchando: Solo te puedo decir, Quijano.
Pensando: en que me gustaría que sonara el móvil.
Tiempo: Frío. Y nublado.
Yo: Frío. Necesito calefacción en esta habitación ya.
Entre manos: Fotos, videobooks, videoclips, el blog, tu.
¿Sabrías ponerle otro nombre?
Es divertido escribir aquí. Soy consciente de que nadie me lee, pero sé que, en algún momento, si investigan, llegarán fácilmente hasta aquí. Hasta esta entrada visceral que me dispongo a escribir. Esta entrada que no quiero que nadie lea pero que me muero de ganas de gritársela al mundo.
Yo no tenía en mente enamorarme así. De hecho, ni siquiera recordaba cómo era enamorarse. Ese proceso lento de autoaceptación, de mirarse a uno mismo, terminar de aceptarse y por fin abrir tu corazón y tu mente a otra persona, así, sin avisar, sin querer y sin poder evitarlo.
Y si bien es cierto que nunca terminé de definirme, yo llevaba muchos años saliendo sólo con chicas. Es cierto que también llevaba años sin enamorarme... De verdad.
Y es que ahora miro atrás, pienso y me cuesta recordar que yo estuviera así, como ahora, alguna vez en mi vida.
Me he enamorado antes, sí. No voy a mentirme, ni a mentirte. He estado enamorada antes por mucho que me cueste recordarlo y que identifique este sentimiento que me invade ahora como el más verdadero que he vivido en los años que llevo de vida. Pero ese sentimiento que es el motor de mi vida, y el único que hace que me sienta realmente viva, se repite ahora. Más intenso, más maduro, más sabio, pero más impaciente, más visceral y más dependiente.
Es que de repente me encuentro con una persona perfecta para mi. Igual que yo en lo artista, en gustos, en sentido del humor y de ver la vida. Diferente a mi en la forma de ser, en la actitud. Poder hacer mil cosas juntos y después discutir sobre nuestras actividades, que la conversación se desvíe y terminar hablando de otra cosa, y reírnos, reírnos mucho. Porque quizás otra cosa no, pero nos encanta hablar y reír. Y compartirlo todo, y coincidir en opiniones.
Y claro, mientras hablamos, no sé si te darás cuenta, pero me encanta fijarme en ti. En tus gestos, en cómo hablas, cómo andas o cómo me miras. Porque esos ojos... Siempre diré que tu mirada sonríe. Esos ojillos que me aguantan la mirada mientras ríes. Y que yo también aguanto, porque eres de esas pocas personas a las que puedo mirar a los ojos sin ese miedo a que indaguen demasiado en mi interior. No me da miedo porque no me importa que indagues, que lo sepas todo de mi. Y tu forma de caminar, tan feliz, así como dando saltitos, y lo pendiente que vas de mi en los días de lluvia, para que los coches no me salpiquen, para que el paraguas me tape a mi más que a ti, para que, con mi torpeza, no me acabe tropezando con cualquier obstáculo tonto de la calle.
O tu empeño en invitarme a todo, y esas discusiones de mentira que tenemos y que, en el noventa por ciento de las veces, acabas ganando tu.
Me encanta todo de ti. Tu pasotismo con las redes sociales y que me respondas horas después de escribirte, simplemente porque no te has dado cuenta, mientras yo no paro de mirar el móvil. Pero cuando me respondes... ¡Ay, cuando me respondes! Mi sonrisa perenne, los ojos brillantes y el suspiro que se me escapa al leer tu nombre. Tu voz, tus manos, tu pelo y tu forma de peinarte. Tu estilo, tan parecido al mio.
Pero lo que más me gusta de ti es que eres la parte inteligente de todo esto. Yo soy más impulsiva y ahora me doy cuenta de que lo que estamos viviendo se hubiese esfumado si hubiésemos ido a mi ritmo. Esos nervios al quedar contigo, ese intentar enamorarte constante, mi necesidad de que me veas guapa, los microinfartos cada vez que me dices una cosa bonita o das un paso.
Ese morirme por un beso tuyo. Ese ansia por abrazarte mientras me coges por la cintura. Ese deseo de por fin estar contigo, de darte la mano, de verme con esa especie de derecho de pedirte un beso.
Que sí, que a lo mejor es muy pronto para decir que estoy enamorada, pero...
¿Tu sabrías ponerle otro nombre a esto?
Como en las películas.
Me sentía como dentro de una de esas películas romanticonas de sábado por la noche. Estaba empezando a engancharme a ti como un adicto a una nueva sustancia regalada en el garito de moda. Me gustaba cuando recibía respuesta, pero me desesperaba cuando me quedaba esperando sin tener ninguna noticia tuya.
Sin saber por qué, quizás por mis influencias cinéfilas o por las simples ganas de vivir una historia con una pizca de irrealidad, tomé una decisión.
Te cité un día a una hora y en un sitio concretos. Allí te esperaría el tiempo necesario, pero si no llegabas...
Yo quería que llegaras.
BOCETO DE TRAMA SECUNDARIA. ESCENA.
PAZ
Que sí, que me quiere mucho, que me adora, pero no follamos.
LAVI
¿Tendrá algún problema? No será gay, ¿no?
PAZ
Que yo sepa, no.
LAVI
Mira, que tú lo que sabes de él se remonta a tus diecisiete años.
PAZ
Que no, coño, que hemos hablado.
LAVI
¿¡De si follabais!?
PAZ
De nuestras vidas en general, no sé.
LAVI
Qué mal te veo, hija.
PAZ
Tu me verás mal, pero estoy peor. Es que no me toca. Mucho besito, mucho ir de la mano, mucha caricia en la cara, pero nada. Me tiene cachonda como una perra, pero no me toca. (SILENCIO) Es que hace meses que no lo cato y para una vez que encuentro a un hombre, no me toca.
LAVI
Bueno mujer, algún apañito te harás, ¿no?.
PAZ
Sí, mujer. Pero no me vengas ahora a decir que es lo mismo un dedo que una buena polla.
LAVI
No, no es lo mismo. ¿Y los aparatitos?
PAZ
Uy, no. Nunca he sido yo de quererme con cosas de plástico.
LAVI
Claro. Así estás. Tensa, estás tensa. Y el cutis, perdona que te diga, pero lo tienes hecho una mierda.
PAZ
¿Tan buenas son esas cosas?
LAVI
Mira, una polla de plástico no tiene nada que envidiarle a una de verdad. Y nunca te van a follar mal, ya me entiendes. Vamos a hacer una cosa: hasta que el chiquillo éste no te de lo tuyo, te voy a dejar yo unas cuantas cosas que tengo guardadas. Úsalas, y luego ya me cuentas.
Cucharas de postre y corazones.
Cazó un corazón pequeño con una cucharilla de postre. Día a día, le iba inyectando dosis muy pequeñas de amor. Con aquella pequeña cantidad de droga, el corazoncito fue creciendo hasta que se hizo grande. Un día, Blanca se encontró con que no tenía más amor. Lo buscó sin mucho ahínco y pronto se rindió. Pero se quedó pendiente de qué le pasaba al corazón al que dio vida y que alimentó haciéndolo crecer.
El corazón no tardó en echar en falta su dosis diaria de amor. El primer día aguantó. El segundo se retorcía de necesidad y dolor. El tercero dejó de latir.
El corazón no tardó en echar en falta su dosis diaria de amor. El primer día aguantó. El segundo se retorcía de necesidad y dolor. El tercero dejó de latir.
Un par de semanas después, Blanca cogió su cucharilla de postre y se fue a cazar un nuevo corazón.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)