Cuando escribo sobre alguien real en una historia de ficción, tengo un sentimiento extraño que me invade de principio a fin del relato.Es como si esa persona dejara su cuerpo de persona y su vida para acudir corriendo a mi papel en blanco. Esa persona se convierte en un nombre, en unas acciones, en lo que yo deseo que sean.
Eso es lo mejor, que las personas se convierten en lo que yo pienso de ellas, lo que siento por ellas.
Por eso casi nunca hay personajes reales en mis historias.
Da como miedo.
Personas que son personajes, que a su vez son títeres de un Dios. Un Dios que les dice qué hacer y cómo hacerlo, qué pensar y qué sentir.
Y ese Dios... soy yo.
Madremía, qué miedo.
Aún así, me adentro en el mundo de los dioses, convertiré a una persona real en un personaje de un mundo, una historia que sale de mi mente. Pero es por una buena causa =).
________________
Escuchando: Hablar por hablar, Buenafuente.
Pensando: en mi historia.
Tiempo: MUCHO frío.
Yo: tengo un 9 en RMU teórico y un 7,6 en RTV teórico. Euforia!.
Entre manos: La historia. Que no llevará título.
No hay comentarios:
Publicar un comentario