Acabo de releer la entrada de apuestas pequeñas. Esta es, claramente, una continuación de aquella entrada de hace casi dos meses, así que siento la necesidad de llamarla Apuestas grandes.
He encontrado a una persona con la que quiero apostar a lo grande. Aún no he mostrado todas mis cartas, aún no sé todas las suyas, pero quiero poder apostar con todo lo que he podido ahorrar desde la última vez que decidí apostar con todo lo que tenía.
Y es que sí, me he vuelto a enamorar, he vuelto a caer en las redes de esos seres que hacen que el corazón y la mente se alíen para atontar a todo aquel que cae en las garras del amor.
No está siendo un inicio fácil. No está siendo un inicio de ensueño, un inicio de esos que se recuerdan para siempre como la definición de felicidad. Él no se está enfrentando del todo bien a lo que está ocurriendo y eso crea conflictos entre todas esas personas que me quieren y quieren lo mejor para mi.
Unos, se sienten felices, se alegran y me dicen que hacemos muy buena pareja, aunque siempre añaden que como me haga algo le matan.
Otros, por el contrario, me dicen que me aleje, que me olvide, que lo deje ahora que el daño no será grave y continúe con mi vida... Que no me merezco lo que está haciendo y que está jugando conmigo, que no me quiere. Que no se fían, que no es la persona con el historial más limpio del mundo.
Y yo... Yo quiero apostar. Tengo los pies en el suelo. Siempre. No voy a volver a volar, me niego. Para volar hacen falta alas y yo, no las tengo. Pero quiero apostar, quiero arriesgarme a perderlo todo y tener que pasarme otro buen tiempo teniendo que ahorrar minuciosamente para volver apostar. Pero quiero apostar porque en el fondo siento que puede salir bien. No termino de fiarme, es verdad, no termina de ser un principio totalmente limpio y transparente, pero yo voy a apostar.
Y sí, esto es una apuesta grande.
No hay comentarios:
Publicar un comentario